Premio a la Mejor Fotografía de Denuncia Ecológica en el CIMASUB 2025: Un tiburón azul herido en el Cantábrico

En la 49ª edición del CIMASUB – Ciclo Internacional de Cine Submarino de Donostia, hemos tenido el honor de recibir el premio a la Mejor Fotografía de Denuncia Ecológica. Un reconocimiento que, más que celebrar una imagen, subraya un problema que sigue creciendo bajo la superficie: el impacto de nuestras actividades en la fauna marina del Cantábrico.
La fotografía premiada muestra a un tiburón azul (Prionace glauca), elegante y sereno incluso en su fragilidad, acompañado por seis peces piloto que lo escoltan con la naturalidad de un ritual biológico antiguo. Pero la escena se quiebra en un punto: una línea de pesca enredada alrededor de su cabeza, atrapada en la piel y abriéndole una herida profunda que no debería estar ahí. Una marca directa, cruda, del daño que causamos incluso sin verlo.

El Cantábrico es un mar vivo, poderoso, pero también vulnerable. Los tiburones azules que lo cruzan cada verano son visitantes habituales, parte imprescindible del equilibrio del ecosistema. Sin embargo, se están encontrando con un océano que no siempre les deja paso. Redes perdidas, sedales abandonados, restos de pesca deportiva o recreativa… pequeñas decisiones humanas que terminan convertidas en trampas silenciosas.


Esta fotografía no solo documenta un momento, sino que hace manifiesta una realidad diaria para los seres que habitan en los mares y océanos, una herida que normalmente pasa desapercibida ya que no estamos ahí para constatarlo día a día. La belleza del animal contrasta con la violencia del objeto que lo hiere, y en esa contradicción reside la fuerza de la imagen. No es cómodo de mirar. Tampoco debería serlo. Si seguimos hablando de conservación únicamente desde la distancia, nada va a cambiar.
Que CIMASUB haya premiado esta fotografía es una señal clara: el mensaje importa, y el océano necesita que seamos más directos, más transparentes y, sobre todo, más responsables. Queremos que esta imagen sirva para impulsar conversaciones incómodas, para despertar conciencia y para recordar que la fauna marina del Cantábrico no necesita héroes; necesita que dejemos de dañarla.


Agradecemos al jurado del certamen y a la organización de CIMASUB por crear un espacio donde la fotografía y el video submarino no solo celebra la belleza del océano, sino que también denuncia sus heridas.
Y, sobre todo, agradecemos al propio tiburón azul. Él hizo lo difícil: seguir adelante, aún con una línea clavada en la cabeza. Lo mínimo que podemos hacer nosotros es mirar la herida de frente y preguntarnos qué estamos dispuestos a cambiar.

